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Ruta del Oso Andino

La Ruta del Oso Andino es una iniciativa de Fundación Amaru y la Fundación Municipal Bienal de Cuenca que une el arte, la cultura y la conservación para inspirar a miles de personas a conocer y proteger a una de las especies más emblemáticas de los Andes: el oso andino (Tremarctos ornatus).

Veinte artistas ecuatorianos fueron invitados a intervenir esculturas de fibra de vidrio realizadas por el escultor Milton Estrella Gavidia, transformándose en obras únicas que reflejan la biodiversidad, la identidad y la riqueza natural de nuestro país. Cada escultura cuenta una historia diferente, pero todas comparten un mismo propósito: recordarnos que el futuro del oso andino depende de las decisiones que tomemos hoy. Sin embargo, este proyecto va mucho más allá del arte.

La Ruta del Oso Andino recorrerá distintos espacios emblemáticos de Cuenca, convirtiendo a la ciudad en una galería abierta donde el arte dialoga con la ciencia, el patrimonio y la naturaleza. Al recorrerla, los visitantes no solo descubrirán veinte obras extraordinarias; también conocerán la historia de un animal que necesita de nuestro compromiso para seguir caminando libre por los Andes.

Porque cuando el arte sale a las calles, la ciudad se convierte en un museo.
Pero cuando ese arte inspira a proteger la vida, la ciudad también
se convierte en un territorio de conservación.

La Ruta del Oso Andino nace como una extensión del Proyecto de Conservación del Oso Andino. A través del arte, buscamos conectar a la ciudadanía con la historia del oso andino y mostrar que detrás de cada escultura existe un proyecto real de investigación y conservación.
Estas obras tienen además un propósito que trasciende la exposición. Las esculturas serán puestas a la venta y/o subastadas para recaudar fondos destinados al Programa de Conservación del Oso Andino de Fundación Amaru, que desarrolla investigación, monitoreo con cámaras trampa, educación ambiental y acciones de conservación en la provincia del Azuay.
Así, cada obra puede convertirse no solo en una pieza de arte, sino también en una contribución directa a la protección del oso andino y de los bosques que necesita para sobrevivir.

Conoce a los 20 artistas y descubre las obras que forman parte de esta primera edición de la Ruta del Oso Andino.

UKUKU

Noe Mayorga Ortiz
UKUKU - Noe Mayorga Ortiz

En la cosmovisión andina, el oso de anteojos ocupa una condición liminal: mediador entre el mundo humano y el ámbito sagrado de las montañas, guardián del equilibrio entre naturaleza y cultura. UKUKU parte de esta condición ancestral para operar como una interfaz entre sistemas de conocimiento, territorios y temporalidades diversas. La obra no representa únicamente al oso andino; activa la potencia simbólica de una figura capaz de vincular memoria, territorio y responsabilidad ética frente a los desafíos ecológicos del presente.

La intervención escultórica articula las tensiones entre naturaleza e industria, conservación y desarrollo, permanencia y transformación. El cuerpo del animal, recubierto con pintura automotriz roja de alto brillo, se convierte en una superficie de alerta que evidencia las huellas de los procesos industriales sobre el territorio. En contraste, el rostro en verde cian concentra la memoria de los bosques y la persistencia de la vida dentro de un ecosistema vulnerable. Más que establecer una oposición cromática, la obra propone un espacio de encuentro entre distintas formas de comprender y habitar el mundo.

Los dos pivotes tipo Lego incorporados sobre el lomo del oso condensan uno de los elementos recurrentes de mi práctica artística. Más que una referencia al juego, introducen un lenguaje visual global basado en el módulo, el ensamblaje y la construcción abierta. Reapropiado desde una mirada andina, este lenguaje deja de funcionar únicamente como un signo de la cultura industrial para convertirse en una interfaz entre sistemas de conocimiento. El módulo se transforma en una unidad de memoria y posibilidad: un elemento capaz de articular identidad, territorio y contemporaneidad.

La obra plantea así que las culturas no son estructuras fijas, sino sistemas vivos que se reconstruyen permanentemente mediante encuentros, apropiaciones y nuevas configuraciones simbólicas. La dimensión material de la obra tiene su origen en Ambato, ciudad marcada por una profunda tradición artesanal e industrial. Realizada en colaboración con el maestro Guido López, especialista en pintura automotriz, la escultura incorpora conocimientos vinculados a la preparación de superficies, los acabados de alta precisión y el dominio de materiales industriales. Estos saberes, desarrollados históricamente para transformar la materia, son desplazados hacia la representación de una especie cuya existencia depende del equilibrio ecológico. La industria deja entonces de ser únicamente un mecanismo de producción para convertirse en un campo de reflexión sobre sus propias consecuencias y posibilidades.

La superficie reflectante incorpora al espectador dentro de la obra. Su imagen se proyecta sobre el cuerpo del oso, eliminando la distancia entre quien observa y aquello que es observado. El reflejo transforma la contemplación en participación y sitúa al espectador dentro de la misma red de relaciones que la obra plantea: naturaleza, cultura, tecnología y territorio. Suspendido entre la memoria ritual andina y la visualidad contemporánea, UKUKU propone una interfaz donde los saberes ancestrales, los lenguajes tecnológicos y las prácticas industriales no se enfrentan, sino que dialogan y se transforman mutuamente. El oso de anteojos emerge como un cuerpo de convergencias: un territorio simbólico donde la memoria del pasado, las tensiones del presente y la posibilidad de imaginar otros futuros permanecen en constante ensamblaje.

Memorias del agua

Chui Jose Saca


Memorias del agua - Chui Jose Saca

Esta obra explora la fragilidad y el delicado equilibrio del ecosistema andino a través de una tensión conceptual entre sus elementos. Las bromelias representan la arquitectura viva de los Andes, actuando como reservorios naturales que capturan y sostienen el ciclo del agua, al tiempo que ofrecen alimento vital para la supervivencia del oso andino. En contraste, las piedras desprovistas de su cauce y suspendidas en una ingravidez simbólica evidencian una profunda paradoja: evocan la memoria del agua y de la tierra a través de su propia ausencia, convirtiéndose en el vestigio poético de un río o un territorio que ha dejado de existir. Desde esta dualidad, la pieza activa una reflexión sobre el desequilibrio ambiental y acude a la memoria ancestral de los pueblos para recordarnos que la existencia es un tejido vivo interconectado.

Oso de juguete

Irene Cazar


Oso de juguete - Irene Cazar

El oso andino es uno de los animales más emblemáticos de nuestros Andes y un símbolo de la riqueza y diversidad de la naturaleza ecuatoriana. Al mismo tiempo, es una especie amenazada cuya supervivencia depende de nuestra capacidad de proteger sus territorios y ecosistemas. En mi obra decidí representar al oso como un juguete, llevándolo al territorio de la infancia, el juego y la imaginación. Esta elección parte de una paradoja: los juguetes son objetos que podemos conservar, guardar y transmitir de generación en generación; mientras que una especie que desaparece no puede ser reemplazada. El intenso color fucsia y las formas geométricas que recorren su cuerpo transforman al oso en una especie de objeto fantástico, entre juguete, máquina y ser vivo. Los trazos negros y blancos, semejantes a circuitos, piezas y dibujos, construyen una nueva piel sobre su cuerpo y dialogan con mi interés por imaginar otras dimensiones y transformar la realidad a través del arte. Quise conservar en su expresión una cierta ternura y cercanía, porque también me interesa recuperar la mirada de la infancia: esa capacidad de maravillarnos ante la naturaleza y de sentir curiosidad por aquello que nos rodea. Pero detrás de esta apariencia lúdica existe una preocupación más profunda. ¿Qué ocurriría si algún día el oso andino dejará de existir en nuestros bosques y solo pudiéramos conocerlo a través de imágenes, esculturas o juguetes? La obra nace de esa inquietud. Convertir al oso en juguete es una manera de hablar justamente de aquello que no debería convertirse en objeto de museo ni en recuerdo. Mi intención es que el espectador se acerque primero atraído por el color, la forma y el carácter juguetón de la escultura, y que después descubra el mensaje que hay detrás: la naturaleza no es algo que podamos reemplazar. Lo que todavía está vivo necesita ser protegido ahora. Este oso quiere seguir siendo un ser vivo, no convertirse en un recuerdo.

Iluminado

Marco Martínez


Iluminado - Marco Martínez

En mi intervención para el proyecto Ruta del Oso Andino, traslado mi investigación plástica sobre la cripsis y el camuflaje al volumen escultórico del oso. Pinto sobre su anatomía una densa cobertura vegetal como un diario de imágenes de mis estancias en el bosque : ramas, cortezas y hojas acogen insectos y otros organismos ocultos. Estos seres se confunden con el entorno forestal.

Concibo a los individuos y a su hábitat como una unidad visual indisoluble. En lugar de presentar a la fauna de forma aislada, integró a los insectos crípticos dentro de los trazos monocromáticos de las ramas. Esta disposición exige al observador una mirada atenta para detectar la vida oculta entre las texturas del dibujo.

El fondo cromático rojo define el sentido conceptual de la pieza. La Lista Roja de la UICN para el Ecuador cataloga al Oso de anteojos (Tremarctos ornatus) dentro de la categoría en Peligro (EN). La UICN utiliza una clasificación de amenaza mediante el uso de colores y el rojo identifica a las especies en peligro. Aplicó este plano rojo vivo para exponer de manera directa el estado de conservación del oso andino y la fragilidad de los bosques montanos.

Al fundir el bosque y su microfauna sobre el cuerpo del mamífero, comunicó una realidad biológica concreta. La destrucción del hábitat destruye al oso y a las especies inadvertidas que habitan en él. Mi trabajo plantea un diálogo entre dibujo naturalista, rigor biológico y advertencia ambiental.

Bajo el mismo paraguas

Susana Rivadeneira


Bajo el mismo paraguas - Susana Rivadeneira

El oso de anteojos es el corazón de los Andes. Se le llama especie paraguas, porque cuidando de él y de su territorio, garantizamos la supervivencia de ríos, bosques y miles de animales más. Salvar al oso es, literalmente, asegurar el agua y la vida de nuestras futuras generaciones.

Para mí como defensora de la vida, ser parte de este proyecto que habla de la conservación de esta maravillosa y vital especie me lleva necesariamente por un hilo conductor ético: la protección del vulnerable.

El oso en el páramo y el niño en el vientre materno comparten la misma realidad: ambos dependen enteramente de que nosotros, como sociedad, decidamos protegerlos. Si desarrollamos la sensibilidad para cuidar a una especie en peligro, con mucha más razón debemos canalizar esa misma empatía para defender la vida humana desde su inicio.

No podemos hablar de un futuro sostenible si seleccionamos qué vidas merecen vivir y cuáles no. La defensa de la biodiversidad y la defensa del niño por nacer nacen del mismo valor universal: el respeto absoluto a la vida. Me uno a este proyecto no solo como artista plástica y gestora cultural sino como una defensora de la vida y participar en un proyecto que nos recuerda con esta intervención de arte que ojalá permanezca en la ciudad, la importancia de la conservación, pues hablar de ecología es proteger la existencia desde su raíz.

OSO SOMOS OSO

Servio Zapata


OSO SOMOS OSO - Servio Zapata

Se me hace complicado hablar —en este caso, escribir— de cómo plasmé la pintura de la escultura del oso. En primer lugar, lo tomé como un gran reto, como son todas las cosas que nos proponemos en la vida.
Por lo regular, casi nunca trabajo con un boceto previo; siempre dejo que el soporte me guíe, dándole todo el mérito a la forma que tengo ante mis ojos. No lo veo como un oso; más bien pienso en niveles, desniveles, valles y montañas listas para poblar con mis árboles.
Quizá la idea que tengo sea que el bosque en el que el oso habita, habite también en el oso, en una suerte de mundos invertidos, haciendo que se fundan en uno solo. Pero, realmente, lo que quiero expresar no importa mucho. Lo importante es que el espectador, al mirar la obra, pueda sentir algo. Con eso sabré que lo que hice no fue en vano.

Naturaleza Usurpada

Olmedo Alvarado


Naturaleza Usurpada - Olmedo Alvarado

Participar en este proyecto significa desarrollar una intervención sobre una escultura que no busca únicamente transformar un objeto, sino generar un mensaje de reflexión sobre nuestra relación con la naturaleza y el espacio que habitamos.

Mi propuesta parte de la figura del oso como representación de una naturaleza desplazada, confinada y sometida por la acción humana. La obra está resuelta mediante colores planos tomados de la ciudad y del arcoíris. Estos colores revisten y, al mismo tiempo, camuflan al animal, permitiéndole reclamar simbólicamente un espacio que alguna vez le perteneció y que ha sido usurpado por la ciudad.

¿Qué pensará este animal al observar a los seres humanos, considerados inteligentes, mientras destruyen sistemáticamente la naturaleza? ¿Qué sentiría al vernos confinados en espacios cada vez más reducidos, alejados de los olores, sonidos y corrientes de viento que forman parte de nuestra experiencia natural? Nosotros mismos vivimos sometidos al estrés de las grandes ciudades, alimentándonos muchas veces de productos industrializados y transgénicos, mientras necesitamos desplazarnos grandes distancias para experimentar y disfrutar las bondades que todavía nos ofrece la naturaleza.

La obra se plantea como un objeto urbano capaz de generar reflexión en cualquier espacio en el que sea instalada. La escultura no pretende ser únicamente un elemento decorativo o de ambientación artística; busca también valorizar el espacio y establecer una relación directa con su entorno.

Para mí, la escultura debe encontrarse frente a frente con el espectador. Debe abandonar el pedestal, aproximarse al espacio cotidiano y establecer un diálogo directo con quienes la observan. Al descender de su condición tradicional de objeto contemplativo, la escultura puede anunciar su propia existencia, interpelar al espectador y convertirse en parte activa del paisaje urbano.

El arte contemporáneo somete el espacio público a nuevas tensiones formales y conceptuales. Desde esta perspectiva, intervenir una escultura implica también cuestionar los mitos, códigos y convenciones tradicionales que determinan la manera en que ocupamos y percibimos las ciudades. Desmontar el pedestal significa, entonces, desmontar una forma de mirar. El animal deja de ser un objeto distante para convertirse en un interlocutor. Se incorpora a la ciudad, se camufla en ella y, desde ese mismo espacio que lo desplazó, nos devuelve una pregunta fundamental: *¿Quién ocupa realmente el territorio de quién?*

El oso como símbolo de resistencia

Danny Narvaez


El oso como símbolo de resistencia - Danny Narvaez

El desecho es la huella de la humanidad arraigada en la naturaleza. Esta obra es una especie de distopía, es una denuncia visual y simbólica sobre el impacto destructivo de la industria en los ecosistemas andino-amazónicos, la pérdida irreversible del hábitat del oso andino. A través del contraste entre la forma del oso, la monocromía del paisaje y los polímeros que avanzan y corroen, se materializa la invasión tóxica del petróleo sobre la vida natural, revelando la contradicción entre el progreso humano y la supervivencia de la biodiversidad.
Si lo planteamos según lo manifestado por Arne Naess en Ecología profunda (1973), sostiene que “todo ser vivo, humano y no humano posee valor intrínseco, independiente de su utilidad para el ser humano”. Naess rechaza el antropocentrismo que justifica destruir ecosistemas por beneficio económico; en esta pieza escultórica se devela la vida misma reflejada en la necesidad de concientizar sobre nuestros recursos naturales y la supervivencia.

El Dorado

Gabriela Andrade


El Dorado - Gabriela Andrade


La naturaleza no es solo un telón de fondo, sino el escenario vivo donde se tejen nuestras historias, identidades y memorias. Protegerla es también conservar quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.
Desde esta reflexión nace mi interpretación del oso de anteojos andino, una especie emblemática de nuestros ecosistemas y una presencia fundamental dentro de nuestro patrimonio natural. Uno de los elementos que inspira esta obra es la particularidad de sus manchas alrededor de los ojos: cada oso posee un patrón único, casi como una huella dactilar que lo distingue de los demás. Esta singularidad me lleva a pensar en la identidad de cada ser vivo y en el valor irrepetible de la biodiversidad.
La escultura utiliza una estética pop y el color dorado como recursos para otorgar protagonismo al oso y destacar su enorme valor. El dorado transforma su presencia en un símbolo que busca llamar la atención sobre aquello que, muchas veces, está presente en nuestro entorno sin que lleguemos a reconocer plenamente su importancia.
La obra busca también apoyar la labor de Fundación Amaru en la conservación del oso andino. Mi intención es invitar a mirar la naturaleza con mayor atención y responsabilidad, entendiendo que conservar no significa únicamente admirarla, sino también conocerla, valorarla y asumir el compromiso de protegerla.

El Guardián de los Andes

Andrés Montesinos


El Guardián de los Andes - Andrés Montesinos


El oso de anteojos es el único oso de Sudamérica y el guardián silencioso de los páramos y bosques andinos. En esta intervención lo representó como lo que siempre ha sido: un ser consciente de su pertenencia, que no necesita dominar la naturaleza porque ya forma parte de su equilibrio.

Toda mi obra nace de una misma búsqueda: despertar la conciencia. Por eso trabajo con los colores de los metales, bronce, cobre, oro y plata, materiales de vibración elevada que desde lo ancestral se han asociado a lo sagrado y a los estados superiores del ser. Sobre el cuerpo del oso trazo mis glifos característicos, una escritura simbólica que brota de nuestras culturas ancestrales andinas y que, al mismo tiempo, dialoga con las culturas originarias de todo el mundo. Son marcas de memoria: recuerdan que todos los pueblos, en algún momento, supieron leer y honrar a la naturaleza.

El oso aparece así cubierto de signos, como un cuerpo-territorio donde conviven lo humano, lo animal y lo espiritual. Su mirada despojada, casi de máscara ritual no observa desde afuera: nos devuelve la pregunta sobre nuestro propio lugar en el mundo.

Mi mensaje es simple y urgente: proteger al oso andino no es un acto de caridad hacia otra especie, sino un acto de conciencia sobre nosotros mismos. Cuidar su hábitat es reconocer que pertenecemos al mismo equilibrio que él nunca ha olvidado.

Jardinero del Bosque

David Santillan


Jardinero del Bosque - David Santillan

Para esta intervención artística, la referencia que estuvo presente fueron las imágenes de breves encuentros del oso andino en el camino a Papallacta desde Quito, luego investigando un poco más conocí sobre su importancia en el ecosistema: dispersa semillas, abre senderos, permite que la luz solar llegue a zonas de arbustos. Por eso le llaman el "Jardinero del Bosque". En esta obra capturó el momento de esa apertura de senderos, en donde la figura se abre paso entre los arbustos y a la vez el bosque con el oso andino se hacen uno solo, en una unión que puede ser frágil si no es protegida.

VESTIGIUM: Tremarctos Ornatus

Juan Pablo Toral


VESTIGIUM: Tremarctos Ornatus - Juan Pablo Toral

“El oso como territorio y la huella humana como evidencia de nuestro paso por él.”

Esta obra propone una reflexión sobre la relación entre el oso andino, su hábitat y la presencia humana. Sobre el fondo negro de la escultura aparecen imágenes de la flora y los frutos que forman parte de su entorno y alimentación, construyendo una representación simbólica del páramo y del bosque andino como territorios esenciales para su supervivencia.

Sobre esta naturaleza se superponen huellas de zapatos y botas, junto con rastros de neumáticos de automóviles, motocicletas y bicicletas. Estas marcas representan nuestra presencia en el territorio y la manera en que nuestras acciones dejan una huella, visible o invisible, sobre los ecosistemas que compartimos con otras especies.

El oso se convierte así en territorio: sobre su cuerpo conviven la riqueza natural que lo sostiene y las señales de una actividad humana que avanza sobre su hábitat. Las huellas no buscan hablar únicamente de destrucción, sino también de responsabilidad. Nos recuerdan que cada forma de transitar, ocupar y transformar la naturaleza tiene consecuencias.

La obra plantea al oso andino como símbolo de un ecosistema frágil y, al mismo tiempo, como una invitación a reconsiderar nuestra relación con él. Conservarlo significa también proteger el paisaje, la vegetación y las múltiples formas de vida de las que depende. La pregunta que permanece es sencilla: ¿qué huella queremos dejar sobre la naturaleza?

Entre la libertad y la herida de los Andes

Jorge España


Entre la libertad y la herida de los Andes - Jorge España

Cuando recibí esta figura, no quise verla solamente como la representación de un animal. Desde el primer momento sentí que tenía la posibilidad de convertirla en algo más en un pequeño territorio de nuestros Andes, en un paisaje que pudiera llevar consigo parte de la vida que habita nuestras montañas.

Al pintarla, pensé en la enorme riqueza natural que tenemos en Ecuador y en lo fácil que puede ser olvidar que detrás de cada bosque, cada páramo y cada montaña existe un mundo lleno de vida. Por eso decidí llevar esa naturaleza sobre su propio cuerpo. La vegetación y las diferentes especies animales que aparecen en la obra representan esa diversidad que comparte un mismo hogar y que está unida por un equilibrio que debemos aprender a respetar.

Los colores fueron naciendo de esa misma idea. Los azules, verdes, turquesas, violetas y tonos tierra me recuerdan al agua, a los bosques, a los páramos, a la vegetación y a la inmensidad de nuestras montañas. No quise que el paisaje fuera solamente bonito; quise que tuviera también contrastes, profundidad y momentos de oscuridad, porque nuestra naturaleza, aunque maravillosa, también es frágil.

Mientras pintaba, pensaba en las especies que poco a poco están perdiendo el espacio que necesitan para vivir. La cacería, las quemas y la destrucción de los hábitats no solamente afectan a un animal. Cuando desaparece una especie o se destruye un bosque, también se rompe una parte de esa relación invisible que mantiene vivo al ecosistema. Por eso, para mí, esta figura terminó convirtiéndose en algo más que una escultura intervenida. Es un ecosistema que camina. Lleva sobre su cuerpo la vida de un territorio y nos recuerda que todos somos parte de una misma naturaleza.

Quise que el espectador pudiera acercarse y descubrir algo diferente en cada parte: un animal, una planta, un color, una forma. Y, al mismo tiempo, que pudiera entender que todo está conectado. Proteger la vida silvestre también significa proteger los lugares donde esa vida nace, crece y encuentra su camino.

Como artista, siento que una obra no termina cuando uno deja el pincel. Termina cuando alguien la mira y comienza a hacer preguntas. Por eso quisiera que esta obra provoque una reflexión sencilla, pero profunda: ¿qué estamos haciendo hoy para que nuestros bosques, nuestros páramos y las especies que los habitan puedan seguir existiendo mañana? Dentro de la Ruta del Oso Andino, quiero que esta obra sea una invitación a mirar nuestros Andes con otros ojos. A entender que no estamos frente a una naturaleza distante, sino frente a un patrimonio que nos pertenece a todos y cuya conservación también es responsabilidad de todos.

Al final, quisiera que quien la observe no vea solamente la figura de un animal, sino un pedazo de nuestra tierra caminando frente a nosotros; un paisaje que lleva la vida de los Andes sobre su piel y que nos recuerda que todavía estamos a tiempo de protegerlo.

Porque mientras exista un territorio que cuidar, existirá también la esperanza de que la vida siga caminando en libertad.

NINAPI UTURUNKU "Oso en llamas"

Freddy Guaillas


NINAPI UTURUNKU 'Oso en llamas' - Freddy Guaillas

El fuego que amenaza el territorio

Mi práctica artística plantea reflexiones sobre aquello que acontece dentro de los espacios andinos, centrando mi atención en elementos que forman parte de estos entornos, como la flora, la fauna, el territorio, el tiempo, el espacio y las estructuras. A través del ejercicio pictórico busco resignificar estos elementos y generar nuevas lecturas que permitan al espectador establecer un diálogo con su entorno y cuestionar la relación que mantenemos con la naturaleza.

En esta intervención, el oso andino se convierte en el eje central de una representación simbólica. Las llamas y el fuego que recorren su cuerpo funcionan como una metáfora de la pérdida y transformación de los territorios naturales, aquellos espacios que constituyen el hábitat y la casa de esta especie emblemática de los ecosistemas andinos.

El fuego aparece así como una señal de alerta frente a la fragilidad de los bosques, páramos y demás ecosistemas que sostienen la vida.

Esta propuesta adquiere especial relevancia ante la problemática de los incendios forestales. Hasta el 31 de agosto de 2026, Ecuador registraba aproximadamente 15.862 hectáreas de cobertura vegetal afectadas por incendios forestales, evidenciando la magnitud de una problemática que amenaza la biodiversidad y los territorios naturales.

Desde mi perspectiva, pintar también es tomar una posición. Esta obra no busca únicamente intervenir una escultura, sino convertirla en un dispositivo de reflexión: un oso que lleva sobre su cuerpo las huellas de un territorio en riesgo y que nos invita a asumir una responsabilidad colectiva frente a la protección de la vida, la conservación de nuestros ecosistemas andinos y la defensa de los territorios que compartimos.

Florecimiento de los Guayacanes

Hernán Illescas


Florecimiento de los Guayacanes - Hernán Illescas

Florecimiento de los guayacanes traslada a la escultura del oso la intensidad simbólica de uno de los acontecimientos naturales más extraordinarios del Ecuador: el florecimiento de los guayacanes de Mangahurco, en la provincia de Loja, donde el bosque seco se transforma, durante un breve período, en un inmenso paisaje amarillo. Ese amarillo, dominante en la obra, no es solamente un color: es una aparición de luz, un estallido de vida y renovación que transforma el entorno y anuncia un tiempo de plenitud. En ese sentido, el revestimiento convierte al oso en un cuerpo portador de naturaleza, memoria, territorio y energía vital.

La figura del oso, asociada a la fuerza, la resistencia y la conexión con el mundo natural, dialoga profundamente con este florecimiento. Así como los guayacanes de Mangahurco irrumpen con su amarillo y transforman el paisaje ecuatoriano, el oso emerge como una presencia viva dentro del espacio del Bioparque Amaru, integrando fauna, territorio y expresión artística. La escultura deja de ser únicamente una representación animal para convertirse en una superficie simbólica donde habita el espíritu del paisaje ecuatoriano.

Trabajada desde la técnica y el lenguaje plástico del maestro Hernán Illescas, la intervención aporta una dimensión adicional: líneas, grafismos, transparencias, veladuras y texturas construyen un universo visual en el que el amarillo se expande como materia sensible y poética. De esta manera, el oso revestido no solo celebra la belleza del guayacán en flor y aquel acontecimiento natural que cada año transforma Mangahurco en un territorio de luz, sino también la capacidad del arte de reinterpretar la naturaleza desde la identidad, la creación y la mirada particular de cada artista.

La propuesta de revestir la escultura del oso con la obra Florecimiento de los guayacanes nace de uno de los acontecimientos naturales más emblemáticos de nuestro Ecuador: el florecimiento de los guayacanes de Mangahurco, en la provincia de Loja, cuando el bosque seco se transforma en un extraordinario paisaje amarillo. Este color adquiere así un valor simbólico como expresión de luz, vida, renovación y pertenencia al territorio. El florecimiento del guayacán, por su intensidad visual y su carga poética, se vincula con la figura del oso como emblema de fuerza, naturaleza y permanencia. Desde la técnica del maestro Hernán Illescas, la superficie escultórica se transforma en un campo expresivo donde color, textura y grafismo dialogan para convertir al oso en una metáfora viva del territorio, la biodiversidad y la identidad artística ecuatoriana.

UKUMARI – UKUKU - AÚN DE PIE

Boris Ordoñez


UKUMARI – UKUKU - AÚN DE PIE - Boris Ordoñez

El oso de anteojos (Tremarctos ornatus), llamado Ukumari en quichua “el que tiene la fuerza del oso", este hermoso animal, es un tesoro en nuestros Andes. Esta intervención no es un lienzo para decorarlo, sino una oportunidad para ponernos sus anteojos y mirar al guardián del páramo y arquitecto de los bosques, hoy su existencia está en peligro crítico por la agresión constante a su hábitat: deforestación, incendios forestales, expansión urbana y cacería indiscriminada que lo empujan al abismo.

Esta obra no muestra un animal vencido. Muestra un oso resiliente. Fuerte, majestuoso, pero herido por los que también habitamos estas tierras, “sus tierras”. Su pata vendada y ensangrentada es el símbolo de nuestra culpa y el testimonio de que lo hemos cazado y agredido. La venda es un acto de consciencia en el interminable círculo de lastimar y querer sanar.

Aún de pie, aun resistiendo, nos mira y nos interpela. Lo hemos herido, por lo tanto, es nuestra responsabilidad curarlo y protegerlo. Todos somos responsables. No es tarea de uno, es tarea de todos. Salvar al Ukumari – Ukuku, es salvar el páramo, es salvar el agua, es salvar la tierra en la que vivimos, es nuestro futuro. Este oso aún resiste y nos necesita.

Entre el cielo y la tierra

Milton Estrella


Entre el cielo y la tierra - Milton Estrella

La obra nace de una profunda reflexión sobre el bosque nublado del Ecuador y los páramos andinos, espacios que para mí representan uno de los lugares más extraordinarios de la vida sobre la Tierra. Son territorios cercanos al cielo, donde plantas, animales y demás formas de vida existen en una relación de armonía con la naturaleza.

En estos ecosistemas habita el oso de anteojos, una de las especies más representativas de nuestros Andes y, al mismo tiempo, un ser cuya existencia está amenazada por la transformación y pérdida de su hábitat. La deforestación y la expansión de las actividades humanas han ido modificando estos paisajes, reemplazando progresivamente espacios llenos de vida por estructuras rígidas y ajenas a la naturaleza.

Desde mi lenguaje como artista, quise expresar precisamente ese contraste. Como creador de formas, colores y volúmenes, concebí la figura del oso andino buscando establecer un diálogo entre dos mundos: por un lado, la geometría, la repetición y las estructuras creadas por el ser humano; por otro, las formas orgánicas, libres y dinámicas propias de la naturaleza.

La geometría representa aquello que construimos y transformamos; las formas orgánicas representan la vida que se mueve, crece y se adapta. En medio de ese encuentro aparece el oso andino, como una expresión de fuerza, agilidad y belleza, pero también como un símbolo de aquello que todavía podemos conservar.

Para mí, el oso de anteojos representa mucho más que una especie. Representa la vida que existe entre el cielo y la tierra. Su presencia en nuestros bosques y páramos nos recuerda que todavía compartimos este mundo con una extraordinaria diversidad de vida animal y vegetal, y que nuestra existencia también forma parte de ese mismo equilibrio.

La vida, para mí, es sagrada. Por eso, esta escultura busca despertar una mirada diferente hacia la naturaleza: una mirada capaz de reconocer que cuando desaparece un bosque, no desaparecen únicamente los árboles; también se pierde el espacio donde otras formas de vida encuentran refugio, alimento y continuidad.

Esta escultura original fue creada por mí como punto de partida para la Ruta del Oso Andino. A partir de ella realicé veinte reproducciones que serán intervenidas por distintos artistas, convirtiendo una misma forma escultórica en veinte interpretaciones y lenguajes diferentes. Cada intervención conservará como punto de partida la figura del oso, pero permitirá que cada artista dialogue con ella desde su propia sensibilidad.

La multiplicación de la obra también representa una idea esencial: la conservación no es responsabilidad de una sola persona. Es una construcción colectiva. Así como veinte artistas pueden transformar una misma forma desde distintas miradas, también nosotros podemos construir distintas maneras de relacionarnos con la naturaleza sin dejar de compartir un mismo propósito.

Con esta obra quiero transmitir un mensaje de esperanza. Al contemplar la fuerza y la belleza del oso andino, todavía puedo imaginar un mundo en el que sea posible respirar, vivir y coexistir juntos: seres humanos, animales, plantas y todos los elementos que forman parte de nuestros ecosistemas.

Entre el cielo y la tierra existe una vida que merece permanecer. El oso andino nos recuerda que aún estamos a tiempo de protegerla.

El Guardián Sembrador

Manuel Tarqui


El Guardián Sembrador - Manuel Tarqui

El oso de anteojos, bioarquitecto del paisaje andino en riesgo.

El oso de anteojos es una especie clave. Su actividad cotidiana, muchas veces invisible, impulsa la regeneración de los bosques nublados y páramos sudamericanos, convirtiéndolo en agente cocreador de estos ecosistemas.

Esta obra representa su presencia en la geografía andina y la transformación que produce a través de sus procesos biológicos. Interpreta el “performance” vital de la especie, entendiéndose no solo como un ser vivo, sino también como escultora del paisaje, curadora de la luz y tejedora de relaciones entre especies.

En esta acción estética, el naranja rojizo alerta sobre el peligro de su extinción; los verdes evocan el tejido de su hábitat; y la zona no figurativa respira el aire, la neblina, el agua y el viento aún intactos.

Fantasmas de fuego y tiempo

Jonathan Mosquera


Fantasmas de fuego y tiempo - Jonathan Mosquera

Fantasmas de fuego y tiempo reflexiona sobre el progreso como una fuerza que avanza transformando territorios, memorias y formas de vida. El fuego representa esa transformación y pérdida: consume, modifica y deja huellas, mientras el tiempo acumula capas sobre lo desaparecido.

La obra plantea la tensión entre desarrollo y desaparición, dirigiendo la mirada hacia los restos, las ausencias y aquello que ha sido sacrificado en nombre del progreso.

Los fantasmas representan así la memoria de una historia que se resiste a desaparecer.

"Al otro lado..."

Gabriela Loayza


'Al otro lado...' - Gabriela Loayza

Al otro lado… parte de la transformación como una posibilidad constante. Manchas fluidas recorren el cuerpo del oso de anteojos y se funden con hojas, ramas y fragmentos de su hábitat, desdibujando el límite entre el animal y el paisaje al que pertenece. El oso se transforma en naturaleza y la naturaleza en él.

Fragmentos de metal incorporan el reflejo y la luz como parte de la obra. Al aproximarse, el espectador deja de ocupar únicamente el lugar de quien observa y su propia imagen aparece junto al oso, integrándose a ese territorio. El reflejo devuelve así una pregunta sobre nuestra responsabilidad frente a aquello que estamos viendo: la naturaleza refleja nuestras acciones y la manera en que elegimos relacionarnos con ella.

El oso de anteojos es, además, un agente de transformación de los ecosistemas que habita: dispersa semillas, modifica la vegetación y abre espacios en el bosque por donde vuelve a entrar la luz. Esa luz adquiere en la obra una dimensión simbólica y espiritual: representa la posibilidad de cambio, de permanencia y de esperanza.

Al otro lado… propone finalmente un umbral. Nos recuerda que no estamos separados de aquello que intentamos proteger. Somos parte de la misma transformación y, quizá, al atravesar el reflejo podamos comprender que la posibilidad de que estas especies continúen existiendo comienza por nosotros.